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vantadl

los sueños

el sueño de las esferas y la destruccion de vantadl

corria, huia de algo que quedaba a mis espaldas, la tierra temblaba y el aire estaba lleno de estruendos y explosiones. corria sobre montañas de escombros, restos de columnas caidas y porticos vencidos, apenas quedaban muros en pie. adverti en algun momento la presencia de la increible azulejeria de la ciudad de la luz esparcida por el suelo, rota, ya sin color, ya no estaban las formas dentro de los cristales. segui huyendo y llegue a lo que me parecio la periferia y encontre un hueco donde guarecerme, un antiguo deposito de agua o piscina con el alicatado bien puesto todavia , parece que aquella zona no habia sido de las mas maltratadas. salte al interior sin dudarlo y me sente agarrandome las rodillas, estaba aterido de frio. sono otra explosion y como si hubiera nacido de ella y para mi sorpresa entro una niña en la misma piscina. me alegre al sentir compañia y mas si era de mi edad. nos miramos y dijo: " mira lo que tengo", saco de un bolsillo una pequeña esfera irisada de vidrio y en ese momento supe que yo tenia una igual asi que tambien la saque.

- ¿que hacemos con ellas?-

-juguemos a las carambolas-

y asi empezamos a hacerlas rebotar contra las paredes y el suelo cuidando que no cayeran en el charco que habia al fondo del deposito. pero despues de un rato me aburri y dije que iba a echarla al agua y mientras la bola ya flotaba en el aire ella gritaba "noooo".

en el momento mismo de alcanzar el agua salio un destello blanco que lleno todo el espacio, hasta mis parpados cerrados, acompañado del estruendo mas sonoro de aquella jornada y de un poderoso temblor de tierra, luego se desvanecio. la niña y yo volvimos a vernos, pero esta vez en silencio, habian cesado las explosiones. asomamos nuestras cabecitas por el borde del deposito y alli estaban, destrozados, todos los elementos que una vez compusieran la magnifica ciudad, tambien estaban el silencio, el humo y una brisa ligera.

buscando II

tome uno de esos trenes que parten del castillo hacia nosedonde, y llegando a una pradera inmensa y cubierta de hierba alta pude ver que en la via vecina, a unos 100 metros de distancia, el vagon que circulaba por ahi estaba en llamas y los viajeros lo abandonaban a todo correr, unos perros enormes y famelicos, de la altura de un arbol, se comian a algunos desgraciados que intentaban huir. mi vagon se detuvo y empece a sentir el miedo del que esta escondido sabiendo que lo encontraran.

al fondo del prado se veia una elevacion con una construccion imponente encima, casi del mismo ancho que la cima, con algunas ventanas distribuidas irregularmente en un muro liso; no se veian puertas. en ese momento crei que era la ciudad que buscaba encerrada en un cascaron de austeridad y corri hacia ella. pero en esto me sorprendio uno de esos grandes perros que se interpuso. no dijo nada, pero entendi claramente su mensaje: " no se puede pasar, vete antes de que te devore". estaba cagado de miedo pero le dije que me diera paso, que esa era mi ciudad y que llevaba noches y noches buscandola. de nuevo , sin palabras me hizo entender que si no me habia comido ya era por que no se lo permitian, vete era el mensaje mas claro.

las armas.

son siempre de factura manual y nunca las compro, me las regalan.

la hija del anfitrion

la orilla estaba gris, el cielo estaba gris y el agua estaba gris, produciendo en mi esa sensacion metalica propia del mar en invierno que refleja y oscurece las nubes. soplaba un viento ligero que me alborotaba el cabello. estabamos alli porque habiamos sido invitados a una celebracion de la que nunca supe el motivo, por un hombre de pelo cano y ya con cierta edad que no habia perdido atractivo; vivia con sus dos hijas: una niña y una muchacha. mientras el y la menor jugaban en el agua, la otra estaba reunida con unas amigas al final de un muelle de madera que corria pegado a las rocas que delimitaban la playa por el este en el que no habia embarcacion alguna amarrada. tambien pude, a la entrada del mismo, una criatura enorme, un pulpo desmesurado del que solo sobresalia la cabeza por encima de las olas, eran como tres o cuatro metros de carne fofa con unos ojos del tamaño de una pelota de futbol. cuando sali del mar lanzo sus tentaculos hacia mi desde la tranquilidad de su esquina, ni siquiera me miraba. me apresure a llegar a tierra y quede tumbado sobre la arena negra escuchando las campanillas que colgaban a todo lo largo del borde entre un medio y otro.

quise ir al muelle a conocer a la chica; pase cerca del increible bicho pero no me presto atencion, camine, sonido a sonido, por la madera sobre el oceano y llegue a donde estaban. ella era preciosa, con el pelo muy negro, los ojos muy verdes y los labios muy rojos, aunque no se habia maquillado. charlaba con otras muchachas en medio de la agitacion sonora del mar. me recibio con una mirada que nublo todo lo demas, sin una palabra, como toca en los sueños. me sente y lie un cigarrito, no me interesaba su conversacion. hizo un gesto de llamada que parecia dirigido al pulpo y este se transformo en una mujer que vino a unirse a nosotros, me dedico toda su antipatia al segundo de verme. tenia la piel muy clara, con granitos rojos en el rostro, era una figura grande y desgarbada que solo se apaciguo cuando la niña hermosa se lo indico. al momento aparecieron en bicicletas de paseo, de esas de colores chillones y timbre y cestita en el manillar tres chicas mas. la primera de ellas era aquella pelirroja pecosa que hace unos dias vi en jaen, me impacto , de nuevo, su aspecto reptiliano y la maldad que destilaban sus rasgos, no obstante, era pasmosamente bella.    habia llegedo el momento de ir a la casa a comenzar la fiesta.

el edificio era extraño, no podria decir que hubiera un cuerpo principal sino mas bien un conjunto de pasillos, habitaciones y patios que se distribuian por el terreno, bastante espacioso por cierto. entre dos modulos se habia dispuesto una gran mesa llena de manjares y comensales borrachos y alegres que cantaban y vociferaban; habia perdido de vista a las niñas asi que me dedique a curiosear. todo estaba bien ordenado y decorado con buen gusto. yo buscaba, por las fotos de las paredes, algun indicio del hermano muerto de la hija del anfitrion, peor no encontre ni una pista. me dirigi a los patios traseros, abandonados, donde no habia presencia humana. la mayoria estaban derruidos y quedaba en pie solo la estructura; en uno de ellos, el mas interesante, crecia en suelo la hierba y algunos arbolillos que asomaban por los rotos del techo. se percibia una habitacion, mas bien lo quedaba de ella, rectangular de unos cuatro por tres metros en la habian colocado de izquierda a derecha una vieja bañera grande y enmohecida con agua limpia en la que vivian un par de peces de buen tamaño de una especie que no he visto en mi vida, detras, un tronco fino de arbol, casi en el centro de la escena, tal vez un poco a la derecha, colgaba de una viga en primer plano un cadaver fresco, un hombre con la cabeza rapada y una camisa abierta que en otro momento fue blanca, en el pecho le habian grabado a cuchillo un simbolo y una frase: " aqui no nos gustan los okupas" y, de fondo, casi al limite de la habitacion, una forma que no reconoci y que me resulta imposible recordar. el quieto espectaculo era de una tranquila y macabra hermosura, piaban los pajarillos entre el sol que a ratos se colaba por las nubes rociando el suelo que holia a tierra y hierba humedas, la imagen estaba animada visualmente por el balanceo del cuerpo y los colores, que nadaban ajenos a lo demas, en aquel envejecido contenedor. parecia una instalacion artistica, de las pocas que realmente le dicen algo al espiritu.

¿ donde se habia metido la hija del anfitrion ?

animal soñado.

he despertado en una ciudad de sudafrica que ya habia visitado alguna que otra vez. me hospedaba, con un grupo numeroso de amigos, en un apartamento hermoso y soleado que reunia todas las caracteristicas de la arquitectura domestica de los sueños, como diferentes alturas en la misma habitacion, ventanas imposibles, luces directas entrando por espacios opuestos o falsas perspectivas.

desde un ventanuco observaba la urbe cuando sali a pasear. en las calles, junto a la tranquila vegetacion, la poblacion alborotada corria hacia el fondo de la calle. me di cuenta entonces que me acompañaba un extraño animal. al primer vistazo me dio la impresion de ser una cabra, pero no tenia pezuñas y del centro del hocico hascendia un cuerno que parecia hecho del mismo  pelo que cubria su carne pero creciendo muy apretado. era negro y se movia como un perro. tuve un instante de miedo. se acerco y me miro. alarge la mano, despacio, le toque la frente acariando de arriba a abajo y me lamio. parecia que estaba a gusto y que le caia bien. lo adopto?

buscando I

estaba sentado en una plazuela de aquel vetusto barrio que tanto me gusta y que no visito desde hace, mas o menos, un par de años. tenia la forma de un niño.

escuchaba el ajetreo del mercado, los pajaros y los perros mientras el recuerdo de la luz me impregnaba todavia de la consciencia a la inconsciencia. pensaba en el modo de volver a ese espacio mutable en el que todo lo hermoso que habia en mi convergia en los colores visibles y en la sencilla arquitecura, pero ,por algun motivo, sabia que el laberinto no volveria a ser la entrada, o, en caso de que lo fuera no habia garantias de que coincidiera con ella. pasee. anduve arriba y abajo, me asome a la estacion de trenes ( ubicada en el castillo ) de donde partian, hacia todo el circulo del horizonte vias sin railes que mas bien eran caminos de piedra de una sola pieza que flotaban sin sustento sobre el paisaje por los que circulaban a gran velocidad vagones independientes sin locomotora  rumbo a un no se donde  lejano. atardecia. numerosas veces pregunte por el nombre soñado de la ciudad de la luz y los gatos pero nadie supo darme indicaciones. volvi a la zona del comercio, en la que se arreglaban los transportes de caravanas que movian de un lado a otro mercancias y esclavos y convine con un mecader la salida hacia cualquier lugar, puesto que no sabiendo donde, cualquier sitio seria bueno para empezar.

  al dia siguiente recorriamos el desierto. la caravana transportaba tejidos y mujeres.

en el extremo visible de la tierra, detras de nosotros, aparecio la nube de polvo que indicaba que los bandidos habian advertido nuestra suculenta presencia, entonces la caravana apreto el paso y nos desviamos hacia el mar bajando por la unica pendiente que lo permitia, un estrecho cañon que daba paso a una llanura amarilla de tierra dura en la que se habian formado lagunas de tamaño variable, pero nunca grandes , de agua salada, separadas unas de otras por monticulos de un par de metros de altura y lenguas de arena.

salte del carruaje huyendo a pie con algunos niños mas y tratamos de escondernos en aquella topografia.  el agua me producia terror, en algunas charcas parecia opaca y de poca profundidad mientras que en otras se veia cristalina y pude advertir la presencia de peces en el fondo. peces de tamaño desmesurado que de ninguna manera hubieran cabido en aquellos charquitos, se movian cruzando de unos a otros bajo la superficie, como si no hubiera separacion de solido entre los mismos.

a medida que avanzabamos aumentaba el volumen de agua de las salinas hasta fundirse en el oceano.

esa noche no encontre la ciudad.

la ciudad

    vagabundeaba por barrio laberinto ( así se llama por ser casi imposoble encontrar dos veces el mismo lugar. este nombre está tomado de un libro de m. ende titulado "el espejo en el espejo" , el verdadero, si es que existe, lo desconozco ) no sabría precisar la hora, un sol grande e impío, propio de los veranos del sur, calentaba el aire y simplificaba la viosión hasta convertirla en sombras, escasas y cortas, y luz para el resto del paisaje, del que podía deducir las formas por las inclinaciones y la orientación de las zonas oscuras.

     llegué a un sobrio  muro encalado, sin puerta ni ventanas, pero con una hendidura de tamaño suficiente para permitir mi paso, así que me arrastré al interior, recibí la penumbra y el , a veces grato, olor de la fresca humedad, como de tierra revuelta,  que respiran algunas casas abandonadas ( por entonces y ahora, de vez en cuando, me gusta buscar edificios deshabitados ). esperé a que mis ojos se sintieran cómodos y pude ver la estancia, parecía un gran salón sin mobiliario, con derrumbes del piso superior y escombros diseminados; en la misma pared, frente a mi, había dos aberturas separadas entre si una decena de metros. la de la izquierda comenzaba en unas escaleras por las que descendía algo de claridad, la de la derecha eran los restos de una gran puerta de dos hojas con las jambas y el dintel ( caído ) de buena madera, montones de tierra y piedras bloqueaban parcialmente el acceso, detrás, la negrura de una caverna. anduve por ella no sé por cuanto tiempo ni espacio, palpando una de las paredes para guiarme, hasta que,gradualmente, fue apareciendo la visión perdida. distinguí a cierta distancia una entrada de luz precedida por lo que se me antojó como el verdadero pórtico, flanqueado por dos columnas de fuste cilíndrico entre las que ascendían dos escalones que marcaban un pequeño desnivel y el pasillo que seguía para bifurcarse un poco más alante. me detuve un momento en esta "entrada" y advertí que toda la simple estructura estaba alicatada con el mismo curioso azulejo: un rectángulo aúreo colocado en vertical con un rombo cristalino inscrito, este cristal, mirado con detenimiento, revelaba en su interior todos los colores que el ojo y el cerebro humanos pueden percibir distribuidos en formas geométricas regulares inscritas a su vez unas en otras. entonces escuché un maullido y volví la cabeza, un gato blanco y marrón como tantos paseaba por allí y a un gesto sinuoso de su anatomía sentí una invitación al lugar. lo seguí por el pasadizo. los azulejos variaban de tamaño según el sitio de su colocación, grandes para el suelo y el techo y pequeños para los rodapies, pero siempre manteniendo la misma proporción y cubriendo todas las superficies.

    giramos a la izquierda, donde la escena estaba más iluminada  y al poco no pude continuar el camino, habíamos llegado a un balcón sin baranda que se abría a una sala inmensa con el suelo situado a muchos metros por debajo de mi y casi enteramente constituido por dos amplias piscinas construida una ligeramente más alta que la otra. cuatro paredes se elevaban a hasta una altura indeterminada, sin techo, para dejar entrar el cielo. la distancia hacía de la decoración un mosaico brillante y coloreado parecido a la piel de un lagarto.

     me sentía excitado y confuso explorando aquella arquitectura, con una sensación constante de diafragma tenso, de animal que sabe que algo está por ocurrir y no quiere ser visto.

   levanté la mirada y pude ver como los rayos del sol se estrellaban por primera vez en ese día contra  los cristales del límite superior de uno de los muros comunicando la luz de unos a otros y descomponiéndola en el proceso creando una suerte de iridiscencia gigantesca que recorrió, desde una esquina, todo lo que allí había construido destruyendo la sensación de espacio y tiempo, yo flotaba en un aire de colores que podía percibir con los ojos cerrados. la luz fue componiéndose nuevamente hasta aparecer un blanco inmirable.

   desperté